Siento debilidad por las historias de final feliz, supongo que mi sonrisa invita a compartir bellos momentos y me encanta coleccionarlos. Las historias son como las fotografías las que dibujan sonrisas las recuerdas con simpatía y cariño. Espero que la disfrutes como yo la disfruto en el recuerdo, al que he ido poniendo adornos, para hacerlo más bonito.
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Parecía que la ciudad estuviera deshabitada, las calles desiertas, el sol golpeaba con dureza la piel, y el calor empezaba a hacer estragos en mí interior, una especie de fuego recorría mis venas, y empezaba a sentir una necesidad imperiosa de agua. Agua que regará mis sentidos, agua que humedeciera todas mis cavidades, agua que apagará las llamas que empezaban a asomar en mí mirada.
Hacía tiempo que no llegaba tan pronto a una cita, quizás porqué quería asegurarme de que él no iba a aparecer, quería asegurarme que no se trataba de un error. Miré a mi alrededor pero seguí sin descubrir ni un alma, estaba segura de que si hubiese encontrado alguna, provendría de las profundidades del infierno.
El calor volvía a ser latente, por unos instantes lo había olvidado, pero ahora un pequeño picor acompañaba a mi piel que empezaba a enrojecer.
Habíamos quedado en el centro de la plaza, justo al lado de la fuente grande, que ajena a todo dejaba manar el agua por todos sus poros, sus dibujos caprichosos, resaltaban entre el sonido que se entreveía burbujeante y juguetón, cerré los ojos para calarme su música, pero con los ojos cerrados no podía distinguir entre el ruido de los neumáticos arrastrándose sobre el asfalto y el sonido de las gotas de agua entrechocando sus diminutas partículas entre sí.
En mi mente un cortocircuito produjo el efecto domino y en una fracción de segundo todos mis sistemas fallaron, fue entonces cuando mi cuerpo sin consultar, de un salto se introdujo en la fuente, cuando el resto de mí persona quiso reaccionar ya no tenía sentido parar o así al menos se justifico.
Durante unos segundos yo desaparecí como tal, deje de ser yo, y fui agua fresca, sol, hasta convertirme en un punto de luz en el infinito mundo de la felicidad, baile y reí a carcajadas, sola, sin ritmo que marcará mi danza, los pájaros de detuvieron para aprender mi canción, lo bello que resultaba el sonido de mis risas.
Cuando por fin recuperé la voluntad, espere unos minutos a recuperar mi cordura, mis ojos brillantes y confundidos, se fijaron en un destello en el fondo del agua, que reveló una pequeña botella, me acerque a recogerla, pensé que esa fuente que había compartido discreta su agua, se merecía que la dejará bella sin restos de suciedad.
Al coger la botella entre mis manos vi que su marca llevaba mi nombre y en su interior un mensaje, el mensaje decía.......Te quiero.
Por primera vez en mucho rato mi mirada escapo al agua de la fuente, y entonces lo vi oculto tras un ramo de rosas blancas, que se mojaron al saltar en el interior de la fuente y abrazarme.
Alrededor un aplauso tímido al principio y estruendoso después, mezclado con voces que gritaban al unísono, en una jerga incalificable, cerraron el circulo, nos besamos, saludamos, y salimos corriendo del agua, empapados en amor y huimos hacía las sombras ocultas de un corazón.
Brisa Urbana