Hoy me encontré a un conocido que llamaré Miguel, a quien hacía tiempo que no había visto, tras los saludos preliminares, me hizo la pregunta típica, tópica, de....¿Cómo va tu vida? En realidad deduzco que más bien deseaba explicarme como iba la suya.
Aunque no juzgo, creo que a mí también me ha pasado hacer la pregunta y descubrirme minutos después contestándola con todo lujo de detalles, según a quien tengo por interlocutor, aunque honestamente eso no es lo habitual.
El caso es que al cabo de unos minutos de conversación, descubro a Miguel en una de esas frases lapidarías, donde las haya:
-"Mi vida empieza cuando finaliza mi jornada laboral".
Le invite a que me diera más detalles, ya que se que Miguel trabaja muchas horas, con lo cual deduje que debía vivir poco y eso me inquieto.
Animado por mi interés Miguel me aclaró que propiamente “Su vida empezaba cuando después de llegar a casa, finalizaba las tareas que tenía pendientes en el hogar”.
Así es como conocí que Miguel que suele hacer una jornada de unas 12 horas diarias, más las dos horas diarias que dedica a la puesta a punto de su casa, consumía 14 horas de su vida, en su NO-VIDA.
La conversación después derivo en otros aspectos y el tema quedó aparcado, pero al despedirnos Miguel me comentó que debía marcharse, porqué trabajaba tantas horas, que necesitaba ir a dormir pronto sino al día siguiente no rendía lo suficiente, y le gustaba ver un poco la TV, para estar informado, antes de ir a dormir.
Ello me llevo a pensar, que si quitamos el tiempo que Miguel necesita cada mañana, para levantarse, afeitarse, ducharse, completar su aseo personal y el desplazamiento hacía el trabajo, a Miguel el único tiempo que le queda para vivir es el tiempo que pasa durmiendo, y por lo que interpreté por sus palabras, últimamente el estrés, le impedía conciliar bien el sueño y de hecho hacía tiempo que no soñaba.
Cuando nos despedíamos quise decirle unas palabras, realmente desee compartir mis pensamientos con Miguel, dejarle alguna pregunta para que Miguel la respondiera, camino de su casa, pero la despedida fue tan rápida..... que no tuve tiempo de hacerlo.
En ese momento comprendí porque Miguel y yo a pesar del tiempo que hace que nos conocemos y de la empatía que siempre hemos sentido el uno hacía el otro, nunca hemos llegado a ser mi amigos, no ha habido tiempo para la amistad, en si el tiempo es un recurso que escasea.
Es cierto que Miguel dispone de un buen coche, un piso situado en una bonita zona de la ciudad, y suele viajar en agosto a algún lugar exótico, aunque siempre lo hace sólo. Quizás esas propiedades, le permiten tener una sensación de seguridad basada en las pautas y valores que proclama la sociedad en que vivimos.
Pero realmente ¿Alguien puede desear llevar una No-Vida como la de Miguel?, y sin embargo ¿Cuantos de nosotros conocemos a un Miguel o incluso en algún momento de nuestras vidas podemos confundirnos con él?.
Brisa Urbana