Claraboya

cuerda beso rosa
Mira a través de ella y deja pasar tu luz.

Arena y Mar

Fui a acariciar la suave arena con mis pies, pero ella irritada me rechazó, ofreciendo su lado más oscuro, el rechazo adquiría su forma, como una oleada de calor, por una especie de sarpullido táctil, en forma de bolitas compactas que pujaban por filtrarse a través de mi piel.

Cada día cuando bajaba a aquella playa solitaria se daba el mismo fenómeno, sobre todo cuando despojada de mí ropa caminaba lentamente hacía el mar, y la arena húmeda ocultaba a mi paso las pichinas, que luego al pasar dejaba escapar con los consiguientes cortes que producían en mi delicada piel.

Nunca expliqué a nadie aquella sensación que me producían mis paseos solitarios por la playa, siempre percibía una mirada oculta, siempre percibía que no estaba sola pero curiosamente existía como una tercera fuerza que pujaba por salir.

Aquel día me sentía eufórica, por fin mis problemas parecían empezar a disolverse en una especie de luz, por eso al llegar a la playa, corrí alegremente por la arena, no sentí el calor habitual, no me fije como solía hacer cada día en la hermosura de su color azul, que contrastaba con el color terroso de la arena, simplemente fui tirando mis prendas en mi loca carrera hacía el agua, pero al llegar a la orilla alguien cogió mi brazo, giré mi rostro y vi el hombre más perfecto que jamás hubiera imaginado, la perfección de su cuerpo me hizo estremecer, pero al mirarle a los ojos lo que se estremeció fue mi alma, eran los ojos más azules y más transparentes que jamás hubiera visto, me atrajo hacía así y me beso apasionadamente los labios, fue un beso de amor, de locura, que al principio no supe y luego no pude rechazar.

Luego tal y como había aparecido fue como engullido por el mar, como si nunca hubiera salido de él, como se esa dualidad que había existido unos minutos antes hubiera desaparecido. Entonces fue cuando sentí la humedad bajo mis pies... primero una gota, luego dos, luego parecía que toda la arena estuviera envuelta en una humedad inexplicable, por un momento percibí una silueta de mujer, de mujer hermosa, bronceada por el sol, con lágrimas en los ojos.

Supe, como sólo las mujeres sabemos y podemos distinguir, el amor que la arena cálida, abrasadora sentía por ese mar, en forma de hombre, que hacía escasos minutos me había besado, en un beso de sal que jamás olvidaré, supe que no debía interponerme en su amor, supe que desde aquel día en que deje aquella playa, el mar bañaba con pasión las orillas de aquella arena y en cada acercamiento humedecía con su agua, con su bravura cada poro de aquella arena que ahora brillaba feliz, teniendo a su amor sólo para ella.

A veces cuando me asomo a través del paseo marítimo a esa maravillosa playa no puedo dejar de percibir su mirada azul y la pasión de su beso, luego cuando miro hacía la arena y recupero como una sombra de lo que fue por un segundo mujer, percibo un guiño cómplice dorado, granulado que hace que esa playa sea la más hermosa de todo el litoral.
Nada que el amor no pueda conseguir.

Brisa Urbana
18/09/2004 11:35 #. Tema: Relatos.


Suscrí
bete a este blog. RSS 2.0 Este Blog ha sido creado con Blogia. Ver derechos de autor . Estadísticas. Admin. [Blogia colabora con 1001 relatos.]