Sentada en una piedra a un lado del camino, deje pasar la vida en esos días, de letargo expuesto al sol, de caricias amigas que envueltas en la ternura de unas letras, de unas palabras, de una mirada, me abrazaban y me envolvían.
Desde una posición privilegiada e inocua, miraba la vida pasar como un caudal de agua transparente que de golpe se vuelve gris, insonoro, vacuo e imperceptible.
Pero como pez que soy, decidí sumergirme en el agua a nadar.
Como flor, aunque deje al descubierto mis pétalos blancos, necesito tener mis raíces conectadas a la tierra para crecer.
Como águila, necesito volar alto, para posarme en la cima de aquel pico.
Como mujer que soy, necesito atreverme a saltar, para vivir mi destino.
Y ya no espero más y salto, resulta “atrevido” pero salto.
Y cuando mi piel roce el polvo del camino, sabré que pese a la confusión, a la falta de claridad, a las dudas sobre los pasos a seguir, estaré viviendo y esa es la única forma de no morir.
Brisa Urbana