El anochecer llegó y entre susurros se coló por la ventana de mi habitación y comenzó a abrazarme ocultando el día con sus sombras, descubrió en mí mirada un destello de temor y me alcanzó una estrella para que me iluminará y calmará mis anhelos de luz.
Y la estrella se posó sobre mis labios y me besó, o quizás fuiste tú, que en la noche te acercaste oculto entre deseos, deseos de amor, deseos de entrega, deseos de amistad, deseos de sueños, deseos de calma, deseos de pasión, deseos de vida.
Y mientras nuestra piel se acariciaba con todos los sentidos antes siquiera de acercarse, de tocarse, solo con mirarse, porque nuestra piel tenía ojos, tenía oídos y escuchaba las palabras que no se pronunciaban, saboreaba el dulzor de los sonidos que no se emitían para luego embotellar nuestras mentes y escapar por nuestro cuerpo, explosionando entre colores con olor a jazmín, pero sobre todo nuestra piel sentía, porque en nuestra piel latía un corazón, que aún hoy late.
Brisa Urbana
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