Fuera el calor era irresistible, así a pesar de que la cola del probador era mayúscula paseé por la planta de aquellos grandes almacenes mientras hacía tiempo para que llegará la hora de mí cita, jugando a imaginarme con uno de aquellos vestidos infinitesimales, dejándome seducir ante el espejo.
Mientras me sobreponía el vestido de mis sueños, esos sueños instantáneos que surgen en el momento en que encuentras el objeto de tu deseo, una sonrisa me invitó a acompañarle al interior del probador, era una sonrisa que me había custodiado en todo mi recorrido, varonil, atractiva, seductora, una sonrisa que invitaba a descubrir sus secretos...
Desperté de mi momentáneo letargo dentro del probador, descubriendo como me vestías con tus besos, como me cubrías con tu piel para que no me sintiera desnuda, como para hidratar mi alma bebí de ti hasta saciarme, y entre nubes de colores, bailamos con la música de nuestros gemidos, mientras una flecha de cupido marcaba su territorio envolviéndonos como una enredadera con su amor.
Al salir, la cola se había triplicado, pero la tensión había desaparecido, no estaba segura de si mi imaginación me estaba jugando una mala pasada, pero intuí varias miradas cómplices. El aplauso sonó en toda la planta y el color rojo de mis mejillas sonrientes se traslado a todo mi ser, al igual que la sensación de plenitud. Ya en caja Rubén dijo :
- Se lo lleva puesto, me sentía genial.
Acerqué el bajo del vestido, donde estaba situada la alarma, a la maquinita de desconexión. Ante mi muda sorpresa el dependiente nos devolvió la tarjeta sin pasarla por caja mientras entre admirado y divertido decía “Invita la casa”.
A ese vestido siguieron otros, aunque el resto tuvimos que pagarlos, y es que en la puerta del probador de esos llenos de rendijas, a partir de ese día había una especie de guardián que solo permitía entrar a una persona por probador, creo que los han reconvertido en probadores diminutos de solo uno, será para aprovechar mejor el espacio.
Brisa Urbana