Siempre me he preguntado como era posible que el subsuelo urbano de una gran ciudad como la mía, engulla con las garras metálicas de sus depredadores veloces, la vida de seres humanos que deciden abandonarse a la muerte de un solo salto.
¿Cómo es posible que nadie en el repleto anden de la estación de metro, se percate o intuya sus intenciones?
El otro día tuve ocasión de encontrarme con la respuesta a escasos centímetros, ante mi asombro y decepción hacía esa especie de seres, que llaman humana y a la que dicen que pertenezco.
Un joven pasado de alcohol, decidió jugar con la muerte, haciendo auto-stop, al borde del arcén, a un tren que de seguro pasaría sin detenerse. Las miradas grises, distantes, indiferentes, ciegas a lo que tenían delante, enmarcadas en rostros enjutos, decidieron ignorarle e ignorarse entre sí, haciéndole invisible, tan sencillo como cerrar los ojos.
Solo otra chica y yo tiramos de su brazo, sin mediar palabra, porque hay momentos en que las palabras son innecesarias y no quedaba nada por decir, tiramos para apartarle de allí, fue una escena surrealista donde las haya, pero no había tiempo y todas las palabras habrían quedado vacías tan invisibles como las miradas que nos contemplaban sin hacer nada.
Él no saltó, solo jugaba con la muerte, pero si las arenas movedizas del túnel lo hubieran engullido, todos habríamos escuchado los lamentos de boca de muchos, sobre la soledad y la tristeza que anida en los corazones de los habitantes en blanco y negro de la gran ciudad y todos seguramente nos habríamos sentido un poco más solos, en la comodidad indiferente de nuestras vidas, seguramente repitiéndose para justificarse que nada se podía haber hecho.Por eso yo creo que cuando se ve a alguien al borde del abismo, no importa si el resultado puede ser una muerte física o una muerte emocional, podemos hacer algo, aunque sea tomarle del brazo y tirar para que no caiga, las palabras ya vendrán, pero lo que es seguro que si una persona muere y no hacemos nada para evitarlo su silencio encharcará nuestra alma, a no ser que no tengamos alma.
Brisa Urbana