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Miro hacía arriba, un reloj me vigila desde la pared de enfrente, me mira inquisidoramente, empujándome con el látigo riguroso de su minutero, como si no contara mi opinión, de como medir el movimiento de mi vida, el transcurso de mis días. Sin embargo hoy, no estoy dispuesta a dejarme amedrentar por su rigor, sigo caminando a mi propio ritmo, como si el camino que estoy trazando en este momento, fuera lo único real de mi existencia, lo único que importará.
En este momento no me importa mucho llegar demasiado pronto, no contemplo la posibilidad de llegar demasiado tarde, quizás por que de una forma intuitiva siento que el momento en el que llegue, será el momento adecuado para hacerlo.
¿Hacía donde voy? No estoy muy segura de ello, pero creo que eso tampoco importa demasiado al menos por esta vez, así que a pesar de que el sentido de la orientación no es el mejor de mis sentidos, va a ser imposible que me pierda. Creo que éste, va a ser uno de mis mejores viajes. Vuelvo a mirar el reloj de tiempo, sigue marcando la misma hora que antes, seguramente mi determinación le ha disuadido de su cruel misión. Ahora yo soy la única que decide cuanto tiempo pasa de un minuto a otro, durante unos instantes una densa quietud me alcanza, me observo, estoy paralizada, logro arrastrar mis pies, mientras las manecillas del reloj enloquecen para recuperar el tiempo perdido.
Brisa Urbana
Fotografía: Brisa

¿Alguna vez te hablé de como son mis besos?
Besos imantados que se pierden en tu nuca mientras te vas, enredado en esa puerta giratoría, igual que te sucede con esas miradas desconocidas en las que viajas cada tarde, sumergido en un vagón de tren, mientras regresas a tu jaula de cristal dispuesto a morir una noche más....
Lucia deja caer sobre la cama de la 309, la nota de una cita a medio escribir, exhausta por el dolor que le produce el deseo de imaginarse a Raul quitándose la ropa, le duele la impotencia del placer roto, le duele el olvido que sabe abandonado como cada mañana en la sonrisa de Raul y aprieta los ojos para ver si así logra atenuar el martilleo constante de su recuerdo.
Lucia cierra el libro produciendo un pequeño sonido con sus tapas, como para alejar esa historia de su mente, otro sonido la atrae, apagado por el deseo que le produce la imagen de Raul perdida en el espejo o en su piel, Lucia apenas acierta a escuchar la pregunta que Raul le hace casi en un susurro.... ¿Alguna vez te hablé de como son mis besos...?
Presa ya de su boca, Lucia calla la respuesta. Sabe que los besos no se pueden explicar.
Brisa Urbana
Imagen: Tomada de google, desconozco su autor ¿Alguien lo sabe?

No me gusta entrar en un ascensor con un desconocido, no me gustan los pantys y no me gusta llevar vestidos de cremallera para ir a trabajar, prefiero los trajes de chaqueta, pero ese día rompí dos de esas premisas.
Nos deslizamos en el ascensor, mi descuidada mirada se estremeció al sumergirse en el particular mar de tus sentidos, y ante mi propio desconcierto me olvidé de mí primera regla. Había roto con la tercera y mi exclusivo vestido, lucía en su espalda una traviesa y seductora cremallera. Así que fiel en ese día solo a las medias suaves y sensuales que cubrían mi piel, dejé que el resto formara parte de otra mujer, mi otra yo.
Te reconocí al instante, y mientras recuperabas el aliento perdido al recordarme, un flash recorrió mi memoria, y se detuvo unos meses atrás cuando nos alejamos sin casi, poseernos pesé a la mutua atracción. Aquel traslado inoportuno rompió la posibilidad de nuevos encuentros. Lara... me nombraste con la voz de tu piel en un silencioso grito, Rogert, acaricié sin palabras tu nombre, con esos labios que deseaban hablar desde tu boca.
No fue hasta al cabo de unos minutos, ensimismados en el placer que nunca fue, que nos percatamos que el ascensor se hallaba detenido entre dos pisos, la alarma no funcionó, el móvil sin cobertura y el edificio aún dormido. Leíste el pánico en mi mirada y olvidaste el olvido pasándome tu brazo por la cintura en un abrazo tranquilizador. Ese abrazo actuó como detonador y en un efecto domino, nuestro deseo fue recorriendo como un cálido escalofrío todo mi ser y ya no pudo parar, como una sepsis de amor, tus labios empezaron a acariciar mis besos, o fueron mis besos los que buscaron tu piel, o mis manos quienes besaron todo tu mundo con sus caricias, haciéndolo suyo, haciéndome tuya.
Y como un guerrero con deseo de victoria de un reino de sensaciones, de placer, del otro, al igual que en las guerras los combatientes se inundan de ceguera y locura, la una y la otra se apoderaron de nuestro universo de pasión y ensordecimos por nuestros gemidos. Las únicas que permanecieron intactas fueron las medias, benditas medias, imagen sensual de mis secretos que finalmente fueron retiradas como botín, como bandera, como recuerdo que guardaste entre tus manos, como para atrapar el tiempo. Ya no nos importaba que las puertas del ascensor no se volvieran a abrir nunca más, era tal la intensidad del momento, que toda nuestra vida, nuestro mundo, se condensaron en ese instante, en el que el tiempo perdió su razón de ser.
Fuera, los bomberos cómplices silenciosos, aguardaron a que cesaran los latidos, los suspiros y recomponiendo su voz alguien desde fuera dijo, tranquilos, en unos minutos abrimos, y abrieron y nuestras puertas no se volvieron a cerrar.
Brisa Urbana