El reparto tocaba su fin, cada actor y actriz tenía en sus manos el guión que le había correspondido. La multitud que reunía personas de distinta edad, condición y sexo, parecía no poder contemplar otra cosa que el papel escrito con tinta invisible que intentaban esconder a la vista de los otros, sin darse cuenta de que nadie más podía verlo.
En un rincón de la sala, varias filas de percheros aguardaban repletos de ropas y complementos de todo tipo, era fácil poder caracterizarse dando vida a cualquier personaje que se pudiera imaginar. Los distintos profesionales de dicción, maquillaje, peluquería, vestuarios para asesorar cualquier posible duda, estaban aguardando el momento en que la línea era traspasada.
El paso de lo inexistente a la irreal realidad, venía marcado por un sonido que encogía el alma. Un llanto de recién nacido puso el carrusel en movimiento y sin mediar palabra cada uno ocupó el lugar que tenía asignado, sin dar ninguna opción al protagonista principal de la misma, la nueva obra se puso en cartelera, se titulaba David.
Un nuevo actor iba a ser lanzado al estrellato. No importaba si le gustaba el papel que le habían asignado incluso antes de que naciera. Tenía toda la vida para aprender a representarlo y en caso contrario ésta sería considerada un fracaso y ¿Quién querría vivir su vida como un fracasado? no era necesario esperar la respuesta y no había tiempo para ello, había que empezar lo antes posible, para que no quedaran espacios para pensar.
Como en todo existía un lema, el lema era ”Lo hago por tu bien y porque te amo”
Brisa Urbana