Te pido perdón...
Allí en el circular jardín de El Sol Naciente, me aguardaban, comencé a caminar por el pasadizo que conducía a esa especie de podium central donde los músicos deleitaban con sus melodías las noches estrelladas de un verano que aún estaba por llegar, pero en su lugar la melodía del silencio nos envolvía con una suavidad, que serenaba los latidos acompasándose a su ritmo.
Cubierta con un tul de blanco transparente, que destacaba a la luz de la luna en la noche estrellada y que bailaba entre las caricias del viento, mientras dejaba entrever mi cuerpo, sin más límites que los impuestos por cada una de las miradas que se reflejaban en la mía y que desvelaban destellos de sentimientos, sensaciones que no definiré en este momento.
Subí lentamente las escaleras frías bajo mis pies descalzos, una vez arriba, miré uno a uno cada uno de los ojos que depositados en mí se estremecían ante la sinceridad de mi petición y comencé un diálogo invisible íntimo y personal que nadie más podía oír, solo el corazón destinatario de mi casi suplica.
Un susurro de letras como con vida propia empezaron a esparcirse sin necesidad de que mis labios se abrieran, sé que te llegaron....
"Te pido perdón, por las palabras vacías, muertas, sin derecho, sin sentido, que ahora desearía quemar para que sus cenizas se esparcieran en el mar y desaparecieran entre las olas del infinito amor que nace en cada corazón con cada amanecer."
A partir de ahí todo lo que recuerdo me resulta confuso, se mezclan en mi corazón, pasado, presente y futuro, pero recuerdo un fuego......
Un fuego surgido a unos metros quemó todas las letras, todos los errores, todas las ofensas, todos los perdones, los que eran necesarios y los que no, y a cada nuevo perdón, cada corazón se iba uniendo al baile salvaje e improvisado que surgía de forma espontánea alrededor de la hoguera, quemaban sus propias ropas, sus propias ofensas, sus propios errores, porque cada uno de nosotros encierra ofensas y perdones..., cuando todos ya bailaban, miré dentro de mí y yo también me perdoné, para poder perdonar a otros y me uní a la danza de la vida y del perdón, de alguna manera una parte de mí se quemó en aquella hoguera.
Yo no había muerto pero había vuelto a nacer y conmigo todos aquellos seres que me acompañaban.
Brisa Urbana
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El perdón cae como lluvia suave desde el cielo a la tierra. Es dos veces bendito, bendice al que lo da y al que lo recibe.
William Shakespeare.
12/06/2005 22:37