Su sueño se había truncado, después de días de soledad, de espera, en aquella bella bahía, el sol ahora oculto tras la suave línea del horizonte, se apagaba, al mismo ritmo lento pero continuado de sus esperanzas.
La mujer que se había reflejado en la mañana en el espejo, distaba mucho de ser la misma que ahora reposaba su mirada en la distancia, ajena a las figuras que se cruzaban en su camino y a las que trataba de esquivar, sin demasiado éxito.
Había desaprovechado su oportunidad y el destino no había querido regalarle otra, y tal y como estaban las cosas, el cansancio que ahora acumulaba su existencia le impedía moverse con la agilidad y dinamismo que la caracterizaban.
La espera había terminado y sus pasos se encaminaron, a aquel pulmón de oxígeno que otras veces le había servido de catalizador para recuperar la energía perdida, estaba a corta distancia de donde se encontraba, por lo que pudo llegar sin demasiada dificultad.
Dejo caer su pequeño cuerpo en aquel viejo banco, y ella se dejo resbalar por entre sus maderas astilladas y descoloridas, su color también se había vuelto verdoso, empezaba a sentirse enferma, aunque no era capaz de distinguir, si ese estado era fruto de un malestar venido como respuesta de su cuerpo o de su alma.
No conocía a nadie en esa ciudad, por tanto con la despreocupación que le permitía la angustia que en ese momento experimentaba, no se preocupo de aquella figura borrosa con la que minutos después compartió el banco. De hecho lo ignoro conscientemente. No deseaba ni siquiera un contacto visual, con nadie que no fuera ella misma, y mucho menos una conversación trivial con algún desconocido, por eso no movió ni un solo músculo y continúo en su letargo ajena a todo, incluso a sus sentimientos.
Su estado duro poco, de hecho empeoro en los siguientes minutos, había olvidado tomar su medicación, lo recordó en el último segundo, justo cuando su cuerpo rozaba la madera, caía irremediablemente y su cabeza se golpeaba con el suelo.
El impacto no lo notó, cuando abrió los ojos, no vio las batas blancas, ni las mascarillas, ni la camilla, ni le importó donde se hallaba, vio una sonrisa que le tranquilizó, aquel médico parecía más un chamán que un residente de un gran hospital, mientras se sumía en un profundo sueño dejó su vida en sus manos, y decidió no ocuparse ella de su recuperación, en realidad poco le importaba.
Brisa Urbana