Si ahora alguien nos preguntará si estamos dispuestos a pagar a cambio de sexo, la mayoría responderíamos que no.
Si nos hicieran una segunda pregunta, está vez sobre si estaríamos dispuestos a pagar a cambio de recibir amor, seguramente la respuesta mayoritaria volvería a ser no.
Pero hace algún tiempo, no demasiado me di cuenta de que cada vez que digo sí cuando quiero decir no, en realidad es como si pagara a cambio de recibir amor o afecto.
El amor es el alimento del alma, y a veces es cierto que al alma le faltan nutrientes, pero quizás debamos elegir entre la cantidad o la calidad, y la verdad, no me apasiona la idea de cebarme a base de amor de segunda categoría, que no es amor, y que me hace morir lentamente probablemente de una gastroenteritis.
Alguno de mis no, no pronunciados, los he escrito con tinta de lágrima, costosa y permanente.
Alguno de mis no, no pronunciados, han provocado en mí un sentimiento de soledad superior a la soledad física que pretendía evitar.
Seguramente es igual de fácil decir no que decir sí, son también dos únicas letras, n-o NO si lo consigo quizás alguien se aleje de mi, pero los queden, me amarán por lo que soy, mucho o nada, todo depende.
Y es que para el amor no existe moneda de cambio.
Y es que como me dijo una amiga del alma hace algún tiempo..“Nadie debe de ser el felpudo de nadie”
Brisa Urbana