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Mis días están compuestos de infinitos elementos, cada elemento tiene sus propios componentes, es como si al igual que el tiempo se fracciona una y otra vez, o se multiplica exponencialmente vida tras vida, los días simplemente son, se suceden, pasan, porque la vida pasa.
Pero mi vida no solo pasa, se queda, se queda en mí, porque mí vida soy yo.
Yo creo que el éxito de la vida, depende sobre todo de los recursos con los que cuentas, y del equipo humano del que tienes a bien rodearte, es como una empresa en la que invertimos todo lo que somos, pero ¿qué es lo que en verdad somos? ¿Lo que somos? ¿Lo que nosotros creemos que somos? ¿Lo que los demás creen que somos? ¿Lo que dicen que somos? o en realidad no somos, solo estamos, pasamos y nos quedamos hasta que nos marchamos.
Hoy me siento como una gran empresaria, alguien constituyó la empresa por mí y la puso en mis manos, mis propias inquietudes y deseos de expansión interior produjeron el hecho de que gestionar mi vida se convirtiera es una tarea compleja.
Pese a los masters y las buenas intenciones a veces me cuesta impedir la apertura de un expediente de crisis, pero no voy a permitir que mi empresa vaya a la quiebra, podría fraccionarla en pequeñas porciones y sacrificarla en parte para buscar una gestión más cómoda, pero alguna pregunta me taladra desde dentro siempre que me planteo la idea de reducir objetivos ¿sería más feliz? ¿no sería una forma de huída? y hasta que encuentre la respuesta, continuo día tras día, fijándome nuevas metas, animando a mi equipo para que juntos obtengamos los mejores resultados y pasemos sin demasiados problemas el control de calidad.
¿Antes muerta que sencilla? A quién se le ocurriría esa nefasta frase, a veces creo que la sencillez es un verdadero lujo quizás sea por aquello de que añoramos lo que no tenemos, y a veces la complejidad de mi ser se convierte en un laberinto del que es difícil encontrar la salida.
Brisa Urbana

Rompí tus sueños con mis risas, jugando entre el azul y el blanco. La Ley para los seres del mar, decía que no había que traspasar el límite de “Ola Grande”, detrás solo existía el gran vacío, nadie sabía con exactitud lo que implicaba eso, pero el miedo y la inseguridad había llevado a que generación tras generación los hombres pez y las sirenas de mar, habían transmitido a sus descendientes los pececillos del mar, la Ley sin cuestionarse su fundamento.
Aquella noche el cielo brillaba de una forma especial, la luna se reflejaba en todo su esplendor de luna llena en el mar, y la sirena se reflejaba en la luna. Embriagada por la noche y por el hombre pez, que la seducía entre risas y suaves palabras, juegos y amor, atravesaron los límites prohibidos, primero tímidamente, luego con seguridad y certeza, siguieron nadando sin importarles nada más que descubrir la verdad y el verdadero límite de sus posibilidades, reforzadas por el amor que se profesaban.
Llegaron a la arena húmeda, ella ayudada por él, en sus brazos, en el último tramo, y agotados se dejaron arrastrar por las olas. Lo primero que percibieron al abrir los ojos, fue un baño de luz y de sol, su extremidad inferior se había bifurcado en dos moldeadas y sensuales piernas. Tras varias caídas lograron permanecer en pie y de la mano comenzaron a caminar. Habían traspasado la barrera hacía su búsqueda de la verdad.
Habían descubierto que los seres del mar, era capaces de hacer algo que hasta ahora desconocían, y sabían que ese descubrimiento les llevarían de forma imparable a otros descubrimientos. Una nueva vida se abría ante sus ojos, plena pero no exenta de dificultades.
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Cuando nos despojamos de las escamas y además de nadar descubrimos que podemos caminar e incluso volar. Que además de comunicarnos con otros peces, somos capaces de comunicarnos con el lenguaje del alma entre seres humanos. Cuando sabemos que muchos de los límites en los que creemos y a los que nos mantenemos fieles, solo existen en nuestra mente y son heredados, a veces nos decidimos a traspasarlos y una vez lo hacemos, solo nos queda la posibilidad de continuar. Todo ello es mucho más sencillo cuando se realiza a través de una manifestación de AMOR.
Brisa Urbana