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Anoche soñé que era una isla, muchas veces he sido isla, he sido guardiana de palabras, de monólogos que se superponían, que solo esperaban turno para argumentar, he sido guardiana de secretos, dispuesta a escuchar confesiones, y es que las líneas de los secretos y las líneas del corazón están marcadas en mi ser, como se marcan las venas a simple vista. Por unas circula la sangre, por otras circulan mis sentimientos y los de los seres que me acompañan y a los que amo, para mí se ha convertido en algo natural, compartir lo que me gusta hacer, lo que puedo hacer, aunque sea algo tan sencillo como escuchar, igual ese es mi diezmo a la sociedad, me gustaría que así fuera y ayudar a que las personas encontrarán sus propias respuestas a través de sí mismas.
Hoy se formó un coágulo en la senda de mi corazón, me sentí un poco naufraga en el océano del universo de mi vida, y busqué donde asirme y al fin encontré una boya donde sujetarme para no hundirme por el peso ajeno, por no huir y no abandonar. Esperé porque esperar no es detenerse. Mientras me adormilaba por el cansancio del esfuerzo realizado, me permití comenzar un nuevo sueño que me devolviera la sonrisa que se había dado a la fuga.Un soñador es solo una persona que sueña, a quien le cuesta distinguir la realidad de la ensoñación de sus pensamientos.
Un hombre o una mujer que sueña y confía en que sus sueños pueden hacerse realidad, no es un idealista, es alguien que actúa en consecuencia a sus deseos y genera los recursos necesarios para que su sueño suceda. El sueño puede ser igual para los dos hombres, pero las consecuencias distintas, y la elección solo nuestra.
Brisa Urbana
Siempre me he preguntado como era posible que el subsuelo urbano de una gran ciudad como la mía, engulla con las garras metálicas de sus depredadores veloces, la vida de seres humanos que deciden abandonarse a la muerte de un solo salto.
¿Cómo es posible que nadie en el repleto anden de la estación de metro, se percate o intuya sus intenciones?
El otro día tuve ocasión de encontrarme con la respuesta a escasos centímetros, ante mi asombro y decepción hacía esa especie de seres, que llaman humana y a la que dicen que pertenezco.
Un joven pasado de alcohol, decidió jugar con la muerte, haciendo auto-stop, al borde del arcén, a un tren que de seguro pasaría sin detenerse. Las miradas grises, distantes, indiferentes, ciegas a lo que tenían delante, enmarcadas en rostros enjutos, decidieron ignorarle e ignorarse entre sí, haciéndole invisible, tan sencillo como cerrar los ojos.
Solo otra chica y yo tiramos de su brazo, sin mediar palabra, porque hay momentos en que las palabras son innecesarias y no quedaba nada por decir, tiramos para apartarle de allí, fue una escena surrealista donde las haya, pero no había tiempo y todas las palabras habrían quedado vacías tan invisibles como las miradas que nos contemplaban sin hacer nada.
Él no saltó, solo jugaba con la muerte, pero si las arenas movedizas del túnel lo hubieran engullido, todos habríamos escuchado los lamentos de boca de muchos, sobre la soledad y la tristeza que anida en los corazones de los habitantes en blanco y negro de la gran ciudad y todos seguramente nos habríamos sentido un poco más solos, en la comodidad indiferente de nuestras vidas, seguramente repitiéndose para justificarse que nada se podía haber hecho.Por eso yo creo que cuando se ve a alguien al borde del abismo, no importa si el resultado puede ser una muerte física o una muerte emocional, podemos hacer algo, aunque sea tomarle del brazo y tirar para que no caiga, las palabras ya vendrán, pero lo que es seguro que si una persona muere y no hacemos nada para evitarlo su silencio encharcará nuestra alma, a no ser que no tengamos alma.
Brisa Urbana